James Wan intenta recuperar el thriller de asesinatos e serie, con cierto éxito, aunqeu con algún desajuste y bajón de intensidad. Un hombre llamado Adam se despierta encadenado a un tubo oxidado dentro de una decrépita cámara subterránea. A su lado, se encuentra otra persona encadenada, el Dr. Lawrence Gordon. Entre ellos hay un hombre muerto con un revolver en su mano. Ninguno de los dos sabe por qué están allí, sólo poseen un casette con instrucciones que dice que el Dr. Gordon debe matar a Adam en ocho horas. Si falla, ambos morirán, junto a la esposa del Dr. y su hija. El asesino les ha dejado además algunas pistas escondidas, y unas endebles sierras, demasiado como para cortar las cadenas, pero no para hacerlo con carne y hueso.

La película tiene un comienzo genial y realmente sorprendente, que si bien poco a poco va perdiendo esta capacidad de sorpresa por completo (hasta el desenlace, en el que recupera la intensidad de los primeros minutos de la cinta), no deja de ser completamente disfrutable e interesante. Buenas interpretaciones y magnifica creación de una sensación agobiante y claustrofóbica, aunque con exceso de ramalazos "videocliperos" y un constante intento por innovar (sin éxito en un género donde casi todo está inventado ya) que desmerecen un poco el resultado global del producto, pese a dejar un muy buen sabor de boca. En marcha está ya su segunda parte. ¿Demasiado para la historia?. Probablemente si.
[+] El sorprendente comienzo y final.
[-] Los delirios "heavy metal gore" de Wan.