Siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal para una empresa multinacional en un rascacielos de oficinas de Madrid. Entre ellos, las personalidades más dispares. En este claustrofóbico clima de máxima desconfianza y absoluta falta de escrúpulos, se crearán alianzas, se producirán disputas, se revelarán secretos, se destaparán pasados...

Muy interesante película, fresca y muy entretenida, pese a no tratarse de una comedia como la obra teatral que adapta muy libremente, cosa que, por otra parte, se agradece. Toda la película transcurre prácticamente en la habitación de una empresa, lo que otorga cierto ambiente claustrofóbico, ayudado por una dirección muy directa (a manos de Piñeyro, que ya despuntó con Plata Quemada y Kamchakta) que mezcla magistralmente el uso de planos medios con los muy recurrentes primeros planos que dan una mayor velocidad y ritmo a la película, muy cercana en este aspecto (al igual que en su mordaz crítica a las empresas) a Smoking Room. Lamentable es, por otra parte, el momento del descanso de los personajes, donde se pierde el hilo, la trama y el ritmo, aunque desemboque en uno de los mejores momentos de la película, para volver después a pleno rendimiento como antes y recuperar el terreno perdido. Magnificas interpretaciones en su mayoría (el reparto es uno de los puntos fuertes de El Método), todos, o caso, pues habría que excluir a un Eduardo Noriega que no consigue transmitir un ápice y no consigue hacer creible su vital personaje, volviendo a sobreactuar y a recitar más que hablar.
[+] La dirección y los actores
[-] El descanso y la larguísima escena anglo-francesa (sin subtitular) y Eduardo Noriega.