En un barrio moderno donde todo está muy organizado (demasiado) viven monsieur Arpel, su esposa y su hijo Gérard, a quien le aburre aquella vida tan insípida. La llegada de monsieur Hulot, el hermano de la esposa, personaje soñador y lleno de fantasía, trae problemas a ese mundo aséptico, sobre todo porque Hulot no tarda en convertirse en el mejor amigo de Gérard. La obra de Tati, una voraz sátira a la sociedad de consumo, permanece inalterable con el paso de los años (al contrario, resulta, cada vez, más apropiada y acertada, y pocas cintas pueden presumir de envejecer tan bien) y cai nadie ha podido hacercarse a tan acertada crítica aún.

Para ello, Jacques Tati vuelve a la figura del Señor Hulot, situando al sufrido personaje (acompañado esta vez de su sobrino), una vez más, en un ambiente que no le pertenece. A través de sus erráticas andanzas el director francés combina su gran humor con su intención cumplida de ridiculizar sin enconderse y sin sutilezas hasta un punto insospechable a la sociedad burguesa moderna para ponerla en relieve con el humilde barrio en que vive Hulot, que pese a no contar con los lujos innecesarios que sus familiares, resulta mas tierno, agradable y acogedor. Como en casi todo el cine de Tati, prima la imagen y la mímica sobre el escaso diálogo, si bien este tiene aqui una mayor importancia (aunque siempre relativa) que otras de sus cintas. Pese a ello, la cinta aguanta estoicamente sus 110 minutos de duración con frescura y sin decaer, algo complicado en una cinta de estas características narrativas, y es esto lo que la hace, en definitiva, un clásico del Cine Europeo.