"7 Vírgenes" supone el enésimo acercamiento del cine español al barrio humilde de la gran ciudad en los ultimos años, herederos todos ellos (con la salvedad, tal vez, de Barrio, de León de Aranoa) de los 400 golpes de Gorard y que, en la mayor parte de las ocasiones, no hacen sino caer en la repetición y repetir situaciones, diálogos y escenas. "7 Vírgenes" parece nacer con la intención de ofrecer algo nuevo a este cine si tenemos en cuenta sus dos principales modificaciones: el momento (48 horas de permiso de un joven encarcelado) y el lugar (cambia Madrid por Andalucía) en que transcurre la acción. Sin embargo, no se puede sino asegurar que, en su intento de aportar algo nuevo al filme, la película resulta totalmente fallida.

Alberto Rodriguez, pese al cambio de escenario, no consigue apartarse de las anteriores cintas de esta temática y se amolda, finalmente, se ajusta al máximo a los viejos patrones estéticos y narrativos del subgénero, cumpliendo una película correcta, pero falta de riesgo y de interés en la que el espectador, desde el primer minuto, no puede evitar sentir que le acompaña una tremenda sensación de deja-vù. Cae en los mismos tópicos ya habituales al rededor de la juventud y el barrio, no consigue hacer reir cuando lo intenta (tal vez por el modo en que lo hace) ni causa emotividad alguna al no conseguir introducirte en la piel del personaje, y resulta en definitiva predecible hasta la saciedad. Juan José Ballesta no pasa de correcto haciendo una vez mas de si mismo en un papel que le dió una Concha de Oro en una de las más desafortunadas (¿demagogica, incluso?) decisiones que se pueden encontrar en un jurado cinematográfico, y sus compañeros de rodaje, actores no profesionales, no están ni correctos aún teniendo en cuenta (como factor desagravante) su nula experiencia interpretativa.
[+] Se deja ver. Mal, pero se deja ver.
[-] No aporta absolutamente nada... y que Ballesta haya ganado una Concha de Oro por esto.