"Kitchen Stories" pasa, probablemente, por ser una de las películas más curiosas del año (en realidad, del año 2003, año en que se llevó la espiga de plata al mejor director y el premio a la fotografía en Valladolid). No en vano, su argumento se centra en una empresa sueca que estudia los hábitos de cocina de los solteros noruegos para recopilar información comercial y mejorar sus productos, y su espacio se reduce, literalmente, a la cocina y una caravana. Las reglas son claras: el observador estará sentado en una silla similar a la de los jueces de tenis colocada en la cocina y no debe mantener ninguna conversación con el sujeto a observar. A partir de ahí, se adentra en un caso concreto, en el que el "observado" ha recapacitado y cambiado de parecer, y no quiere, en un primer momento, dejar pasar a su observador.

"Kitchen Stories" es sin duda alguna una rareza, una excentricidad, una propuesta argumental totalmente diferente, sin perder un ápice de su condición de comedia costumbrista. Con un humor de corte clásico, que recuerda al estilo de Charles Chaplin como de (sobretodo) Jaqces Tatí por momentos, la película comienza sorprendiendo al espectador con un planteamiento extraño, un argumento aparentemente rebuscado y no poco ridículo, pero va ganando conforme avanzan los minutos gracias a un ritmo solvente. TRas su éxito en Valladolid, no se podrían obviar los dos aspectos que la consegraron en Pucela y que, no obstante, resultan premios sorprendentes, pues no deja de ser una propuesta sencilla, con una dirección acertada pero sin mayores alardes y una fotografía muy acertada con su condición costumbrista.
[+] La originalidad de su planteamiento.
[-] La premisa inicial puede resultar ridícula.