lunes, 12 de diciembre de 2005

Especial Cineuropa 2005: Conclusiones, resumen y futuro.

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Acabó Cineuropa. Un año más el Festival compostelano ha llenado a la ciudad de cine durante todo el mes de Noviembre. Un año más, también, puede presumir de un éxito de público que no se puede poner en duda. Y un año más pueden presumir, también, de un avance, un paso adelante en la calidad organizativa del mismo, que sigue sin embargo teniendo peros importanes. Estas son las conclusiones (organizativas y artísticas) de Cineuropa 2005:

LA ORGANIZACIÓN
La organización de Cineuropa siempre ha sido ejemplar en algunos de sus aspectos y lamentable en otros, no parece haber terminos medios. Este año, faltaría más, no ha sido diferente. Ya van casi 20 años de Festival, de un festival que ha crecido muy rápido en el aspecto artístico, puramente fílmico, y también en cuanto a trascendencia mediática en la ciudad y aumento de público. Ha crecido a un ritmo que, en muchos aspectos, fué dificil de seguir por una organización caótica, a la que no se comenzó a poner remedio hasta hace apenas 2 o 3 años y que aún debe madurar. Si preguntas en Santiago por una imagen característica de Cineuropa, probablemente evoquen a 2: Las improvisadas tertulias cinéfilas en los cafés cercanos a los puntos de proyección, y las larguísimas colas en los soportales del Teatro Príncipal. Este año el gran objetivo de la organización era reducirlas, eliminarlas según los más optimistas. Ciertamente se ha trabajado muy duro en ello: a la venta de entradas a través de internet se sumaron iniciativas importantes como el aumento de salas (4 este año), el aumento de pases de las películas que causaron mayor impacto (hasta 5 pases tuvo Manderlay, 4 Caché, Saraband o El arco, y 3 casi todas las demás) y la proyección simultanea en diferentes salas de las películas más fuertes del festival (por ejemplo, Caché coincidió en sus 4 pases con Manderlay -que tuvo 5-, a fin de dividir al público en las dos salas), algo que no sería posible, por otra parte, sin los dos elementos mencionados antes.
Se podría hablar, por tanto, de total éxito de organización. En efecto, esta rayó la perfección en ocasiones si lo comparamos con años pasados. Solo hubo peros puntuales, pero pese a su "puntualidad" son peros demasiado importantes (inconcebibles, incluso) como para dejarlos pasar: Nos referimos, principalmente, a 4 momentos del Festival: 1) La larga cola formada el día del homenaje a Luis Tosar (donde se proyectaba, en único pase, "One day in Europe") donde varios espectadores se quedaron sin sitio debido a butacas reservadas a unas instituciones en muchos casos invisibles. 2) La elección de la Sala de la Fundación Caixa Galicia como sala de proyección auxiliar, donde se proyectaron hasta 8 pases (en varios casos de películas, como "Soy Curiosa" o "Othelo", filmes con pocos pases más), siendo una sala incómoda, poco apropiada y acondicionada (sin duda en Compostela hay muchas salas mejores) para el cine, con ausencia de taquillas propias (se tenía que comprar la entrada en las del Teatro Principal) y a todas luces pequeña para un evento como este. 3) Los importantes problemas en las proyecciones de "Un año con 13 lunas" en la Sala Yago y de "Soy Curiosa: Amarillo" en la Fundación Caixa Galicia, en los que se interrumpió la proyección y donde ni tan siquiera se expuso el motivo o, al menos, una disculpa. 4) Los problemas informáticos el día, precisamente, de mayor afluencia de público (el de la Película Sorpresa y del estreno de Oliver Twist), y su total falta de previsión y de soluciones ante ellos, que ocasionaron la paralización de la venta de entradas desde las 15:00 hasta casi las 19:00, con el lógico enfado de un público en un ambiente de cabreo más pronunciado a medida que pasaba el tiempo.
Problemas puntuales, si, pero que hay que evitar o preveer para seguir adelante y de los que, al menos, confiamos se haya tomado nota desde el Festival.

EL NIVEL ARTÍSTICO DEL FESTIVAL
Un año más, Cineuropa se alejó de cualquier tipo de convencionalismos. Con la transgresión como bandera, conformó un cartel arriesgado sin duda, alejado de los últimos festivales (que mostraron un cariz mas, por decirlo así, conservador, menos arriesgado) como Valladolid, Sevilla o Ourense. Tras la magnífica edición del 2004, donde las grandes protagonistas, amén de "Contra la Pared", llegaron desde Oriente, este año la sección oficial de Cineuropa volvió a tomar la ventaja fruto de las tímidas incursiones del Cine Oriental (que contó con su propia sección pero no fué demasiado brillante), la calidad media del indie americano (que sin estar mal sigue demasiado encorsetado en sí mismo y le cuesta innovar) y, sobretodo, el impresionante año que vivió el cine europeo, con los estrenos de Haneke, Von Trier, Polanski, Gillian o (quien nos lo iba a decir, a estas alturas) el brillantísimo testamento final de Ingmar Bergman. No creemos que resulte demasiado importante pararnos demasiado en títulos concretos pues los hemos ido desglosando y analizando en Cinefilias a medida que el festival avanzaba, sino más bien dar una visión general y comparativa del Festival:
Un festival que alcanzó con Saraband (fuera de concurso al ser estrenada en su país en 2003) uno de los momentos más emotivos. el adiós de una ciudad a uno de los grandes maestros del cine de todos los tiempos, y de la que nadie pareció salir dubitativo. El otro gran nombre del festival fué Roman Polanski con su decisión de estrenar su nueva película en Santiago. Oliver Twist consiguió el aplauso de un público que apreció su exquisito tratamiento al espíritu de la obra de Dickens. También Manderlay consiguió una importante aceptación (llevandose finalmente el premio de un publico que, a juzgar por las notas medias, quedó plenamente satisfecho del Festival) aunque no faltaron las miradas críticas a la misma.
Aunque para miradas críticas y debate el que ganó la partida fué Gerry, de Gus Van Sant, que con una personal y arriesgadísima apuesta consiguió maravillar a algunos y, a su vez, crear un pequeño éxodo en la sala. Un éxodo para nada comparable al creado por Reygadas y su partícular Batalla en el Cielo, la película menos aceptada del Festival, no consiguió conquistar a la crítica ni mantener al público en su asiento pese a algunos planteamientos interesantes. Tampoco El Sabor de la Sandía dejó a nadie indiferente, aunque con una aceptación mucho mayor que las 2 anteriores. Tsai Ming-Lang consiguió hacer reir al principal y también un silencio inaudito, pero no evitó varias críticas a la salida de la sala. Tideland sacó en su exhibición como film sorpresa tantos aplausos como silbidos para una obra demasiado demencial e histriónica. El apartado de las polémicas del festival lo cerraría Haneke y su Caché cuyo final (¿o ausencia del mismo?) no convenció a gran parte del público festivalero.
Sin dar tanto que hablar pero dejamdo una importante huella tenemos a filmes tan interesantes como lo fué la negrísima Arcadia o el aire fresco americano que nos trajo Tu, yo y todos los demás. También la rareza sueca Kitchen Stories gustó con su tcorte clásico y su humor entre absurdo y costumbrista, mientras que a El Arco pareció sobrarle un final demasiado trascendental. A Hard Candy, que venía de triunfar en Sitges, lo que le sobra sin embargo son los excesos "videocliperos" de su director, que le impiden aprovechar al máximo tan acertado guión y unos actores muy capaces, y a Malas Temporadas le falla sus excesivas pretensiones, que finalmente no consigue cumplir. Pretensiones que no tiene, sin embargo, La Escurridiza, que se introduce en el cine de barrios con un tono desenfadado, entretiene y gusta, además de descubrir a una jovencísima actriz que se situará, tiempo al tiempo, entre la creme de la creme de nuestro país vecino. Entre ambos puntos se sitúa Hermanas, con más afán de entretenimiento que de crítica o estudio político, y cumple aunque sin alardes.
Menos afortunadas que las anteriores resultaron 2 filmes como Viva zapatero!, un documental superficial y con escaso humor que abrió (Dios sabrá por que), la XIX edición de Cineuropa y triunfó (Dios sabra por que) en Venecia y Donosti. Igualmente, Amos Gitai y su Free Zone" se erige, tal vez, en el otro gran fracaso del festival.
El Festival no concede premios oficiales (salvo el honorífico y el del público), pero en Cinefilias nos hemos permitido el capricho de hacer un palmarés particular sobre lo visto en las Secciones a Concurso (Oficial, Panorama Internacional, Orient Expres):
Mejor Película: Manderlay, de Lars Von Trier
Mejor Director: Kim Ki-Duk, por El Arco
Mejor Guión: "Me, and you, and every..." (Miranda July)
Mejor Actor: Danny Glover, por Manderlay
Mejor Actriz: Jodelle Ferland, por Tideland
Mejor fotografía: El Sabor de la Sandía, de Tsai Ming Lau
Pelicula Más Innovadora: Tideland, de Terry Gillian
Mejor Música: Batalla en el cielo, de Carlos Reygadas

Y los premios oficiales:
Premio Honorífico CINEUROPA 2005: Luis Tosar
Premio del Público: Manderlay, de Lars Von Trier


MIRANDO HACIA EL FUTURO
Finalizada la XIX Edición de Cineuropa, toca mirar hacia adelante. Cineuropa quiere crecer y no lo oculta. El apoyo conseguido por la Xunta (vergonzoso pero cierto: hubo que esperar 19 años para que la Xunta se acordase del festival más antiguo de Galicia) permite soñar a sus organizadores con convertirse en el gran Festival de Galicia hacia el exterior que parece, ahora si, se quiere crear. Ourense parece un tanto estancado en su crecimiento y el de Vigo no es más que una promesa que aun no existe. Y Jose Luis Losa (organizador) no oculta sus intenciones de hacer crecer el festival en su XX edición.
En cambio, antes de la conversión de Cineuropa en Festival Internacional debe pensar mucho: Lo grande de Cineuropa es ser un festival pequeño. Lo genial de todo es que ha conseguido evitar ser una fotocopia de otros tantos festivales y hacer uno a medida de las necesidades del publico compostelano. Hay concesiones de festival pequeño que serían imposibles en un Festival Internacional, sobretodo dos: 1) nada de butacas reservadas a la prensa (salvo en todo caso que se asegure su presencia), lo que importa es el publico. 2) 1 Mes de duración. Sería dificil superar la semana. Estas son las dos realidades, los dos puntos (el segundo, especialmente) que debe asegurar cumplir antes de plantearse definitivamente el cambio.
Ciertamente, si Cineuropa faltase a esto ultimo dejaría de ser Cineuropa. Sería una triste noticia. Que Cineuropa crezca solo es una buena noticia para el publico en medida en que se mantenga su espiritu. Y su espíritu es ese: cine contra espectador, contra público.
Cineuropa debe crecer pero en otro sentido, debe seguir creciendo organizativamente (por ahora no se está haciendo mal, como se comentó arriba). Si quiere crecer en otro aspecto le animamos a hacerlo, pero lo tendrá que hacer, desde luego, con mucha cautela... ya hay demasiados "grandes Festivales" cuya repercusión dificilmente sobrepasa los límites provinciales, utilizados para que el alcalde de turno se haga la foto. Cineuropa no necesita repercusión internacional ni alfombra roja por que es un Festival que ama al cine por encima de todas las cosas. Que se hagan los cambios que se crean convenientes pero, desde luego, que así siga siendo.

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