2 años después de sorprendernos con Dogville, Von Trier nos ofrece la segunda película de su Trilogía Americana, con la esclavitud y las consecuencias directas de la imposición por la fuerza de cualquier modelo de estado como principales temas del film. Tras dejar Dogville, Grace (Bryce Dallas Howard, esta vez) y su padre (también con cambio de actor: Willem Dafoe) se dirigen a Manderlay, una plantación en Alabama donde son testigos de los horrores y la injusticia de la esclavitud. Grace se ve obligada a intervenir. La segunda parte de su controvertida visión de ese país que nunca ha pisado y, en realidad, del mundo que nos rodea.

Con el mantenimiento de sus principales elementos estéticos y teatrales, lo cierto es que Dogville ha dejado polémica y división allá por donde ha pasado (Cannes, Donosti, Valladolid, Sevilla, Ourense, Santiago...) entre aquellos que la consideran una repetición de los elementos de la primera y los que (entre los que me incluyo) la consideran un muy digno devenir de la historia de Grace, una historia que crece, que no resulta más dura pero tampoco mas esperanzadora. Y si cambia la historia cambia Grace, sobre la que vuelve a caer todo el peso de la misma: la evolución del personaje es tan sutil como acertadísima: Grace no se vuelve más dura, ni mas malvada. Su venganza con Dogville ya fué tomada. Grace puede parecer la misma pero ha cambiado, y de ningun modo se podría decir que lo acontecido en su anterior estancia no ha influido en sus actos del presente. Una Grace, como deciamos antes, interpretada por una Bryce Dallas Howard que parece al principio imitar los gestos de Nicole Kidman aunque poco a poco va ganando en sencillez y es capaz de salvar un papel realmente complicado, acompañada por secundarios de lujo, a destacar un impresionante Danny Glover en el que será recordado, probablemente, como el mejor papel de su carrera.
[+] El excelente desarrollo del personaje y de la historia.
[-] Que algunos no vean en ella nada nuevo.