
Mucho hemos oído hablar de Babel, la película que clausura una trilogía en el cine de Alejandro Gonzalez Iñarritu y Guillermo Arriaga (cuya relación profesional, además, se rompe) que comenzó en México con Amores Perros y viajó a Estados Unidos con 21 Gramos. Esta vez la historia se desarrolla en 3 continentes diferentes con 4 historias entrecruzadas (siguiendo el esquema utilizado por director y guionista en todas sus películas). Mucho habíamos escuchado, y casi todo bien, desde su estreno en Cannes, y por fín, tras múltiples cambios de fecha (y una única proyección en España, en el Festival de San Sebastián), la podemos ver en nuestro país. Eso sí, tristemente, doblada íntegramente al castellano (una extraña obsesión de las distribuidoras hispanas, que les lleva a doblar incluso productos tan poco adecuados como este, una película rodada en 4 lenguas diferentes y que tiene en la incomunicación uno de sus grandes temas). Así que no se puede comenzar, sino, recomendando al personal que, si tiene en su ciudad un cine de Versión Original que la proyecte, no dude en escogerlo para su visionado.
Una vez dicho esto, llega el momento de hablar del, pretendido, gran acontencimiento cinematográfico del año. Babel, premiada en Cannes (vencedora del premio al Mejor Director, Premio del Jurado Ecuménico y Gran Premio Técnico) y máxima aspirante en los Globos de Oro (7 nominaciones le colocan al frente de los favoritos), nos ofrece cuatro historias independientes, más o menos conectadas (unas más que otras y con las sensaciones de sus personajes (frustación, inseguridad, intranquilidad, miedo, desesperación) como punto en común, para dejarnos claro cómo todo en el mundo está comunicado frente a la total falta de comunicación del ser humano con, casi siempre, sus seres más cercanos. Para ello se vale de un guión acertado y de una precisión técnica y artística impresionante. Casi nada en Babel es criticable por separado. Una dirección de fotografía expléndida, un excelente trabajo actoral (por más que se hable de un acertadísimo Brad Pitt, resultan ser las protagonistas mexicana y japonesa (Adriana Barraza y Rinko Kikuchi), una dirección acertada, al servicio de cada una de las historias, dando fé de su premio en Cannes. Tampoco, pese a eso, se puede críticar una excesiva frialdad en las historias. Sin embargo, algo falla en Babel, que la separa del excelente para dejarlo en bueno.

Tal vez la falta de profundidad de algunos personajes que necesitan un pasado, tal vez esa falta de profundidad en alguna historia (especialmente, la japonesa), tal vez la falta de una conexión mayor entre la historia japonesa y las demás, o tal vez un exceso de elementos, subtramas y acciones sin espacio para ser desarrolladas como seria propio. Tal vez, simplemente, que el doblaje sea un lastre demasiado fuerte para una cinta de estas características, o simplemente que el estilo y las historias de Iñarritu y Arriaga no haya variado un ápice desde la (esta sí, excelente) Amores Perros, y hayan perdido la capacidad para ofrecernos algo mínimamente lejano a lo que todos esperamos (aunque servidor haya leído en algunas críticas que Iñarritu vuelve a sorprendernos. Yo pregunto: ¿Donde?), aunque esta vez todo resulte más internacional (y pretencioso). No se puede negar que Babel sea una buena película técnicamente intachable. Pero sí se puede poner en duda su originalidad, o que este fuese el final que todos esperabamos para su famosa (y aún así, muy buena) trilogía. Veamos si, pasada la trilogía que lo justifique, Iñarritu se atreva a hacer algo diferenteen su próxima película.
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Su exquisited técnica, inmejorable.
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La historia japonesa, su integración en el conjunto. Y la sensación de Deja Vù que provoca Iñarritu.
NOTA:
7