Domingo, 03 de febrero de 2008
Six Feet Under (EEUU, 2001-2005)
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Por primera vez me veo en la necesidad de hablar aquí de una serie de televisión y no solo de cine. Y no descarto, en un momento en que la ficción televisiva anglosajona (en España estamos a años luz) es probablemente más valiosa que gran parte del cine que nos llega, tanto en productos recién terminados que comenzaron la "edad de oro" (como la que nos ocupa, Los Soprano, El Ala Oeste...) hasta las vigentes o recien comenzadas que aseguran una efectiva continuación del espectacular momento televisivo, con una variedad de formatos que guardan series de cierta originalidad y calidad, reinventando incluso el formato de la sitcom de 22 minutos que semejaba muerto desde Frasier o Seinfield (Dexter, The Office, Extras, Heróes, Perdidos...).
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Pero toca comenzar por A dos metros bajo tierra (y aviso, contiene spoilers). ¿Por qué?. Principalmente por que un servidor acaba de terminarla, con cierto retraso, y siente la poderosa necesidad de hacerlo. La serie comienza cuando Nathaniel Fisher, dueño de la funeraria Fisher & Sons, fallecer atropellado por un autobús. Será el primero de 72 fallecimientos (divididos en 63 capítulos, pues el capítulo "La muerte hace horas extra", 3x11, así como el final, 5x12, muestran varias muertes) que serán, salvo contadas excepciones, los "clientes" de los Fisher. La serie crea así un formato cerrado, claramente definible e inconfundible: un prólogo-muerte que acompañado de una esquela a pantalla completa. La naturalización, normalización de la muerte, sirve para crear la atmósfera necesaria para poder recrearse en la vida personal de los protagonistas y, a su vez, y aunque resulte paradójico, para conseguir un mayor efecto dramático cuando la muerte planea, esta vez, sobre las cabezas de la familia Fisher.
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Tras unos primeros capítulos en donde la situación concreta de cada capítulo, su muerte inicial, el oficio funerario, parecen tener una cierta importancia, a medida que la serie avanza éste cede protagonismo a la idiosincrasia familiar, el centro de la acción se traslada de la sala de embalsamado y sube a la superficie, nos muestra el mundo de los Fisher (un mundo interesante, algo bizarro, construído sobre algunos de los mejores y más profundos y profundamente estudiados personajes en mucho, muchísimo tiempo) en todo su esplendor. Cuando alcanzamos la segunda temporada, la transformación ha sido completa. De repente nos damos cuenta de ello y valoramos uno de los grandes secretos de su éxito: la extraordinaria capacidad de cambiar, de avanzar de modo realista, atreviéndose incluso a dejar en plano secundario, aunque siempre presentes, algunas de las características más propias de la serie. Así, por ejemplo, las apariciones del padre muerto, muy habituales al principio, desaparecen y vuelven solo en circunstancias muy concretas: la serie de despoja de un personaje poderoso en favor de la lógica y el realismo (las apariciones de Nathaniel son siempre producto, como es evidente, de la "imaginación" de los diferentes personajes).
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Pero pese al alto nivel de toda la serie, lo cierto es que hay que esperar hasta el final de la segunda temporada para encontrarnos con el primer clímax de la serie, cuando Nate se desfallece producto de la enfermedad que parece y los rótulos de fin de temporada aparecen acompañados de la incertidumbre sobre su propia vida, que se mantendrá magistralmente en el primer episodio de la tercera temporada para presentar el más sorprendente punto y aparte de todos cuantos nos ofrece la serie y comenzar, por así decirlo, su verdadero "explendor", que ya se mantendrá sin titubeos hasta el último de los capítulos que nos ofrecen.
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Son estas últimas tres temporadas donde aparecen las grandes crisis y alegrías, donde se viven los momentos realmente amargos y delirantes. Allan Ball parece despojarse definitivamente de cualquier convencionalismo (incluso de los impuestos por sí mismo al principio de la serie) para realizar una obra de arte muy superior a la de casitodas las obras de arte de los snobs alumnos de la Escuela de arte en la que ingresa Claire (la crítica a las Escuelas de Arte americanas pasa a ser abierta y directa en la cuarta temporada) y, no hace falta decirlo, ampliamente superior a la mayor parte de cintas pensadas para la pantalla grande. El protagonismo se amplía cada vez más (incluso deja de reducirse a un cada vez más amplio núcleo familiar donde ya se puede incluir a Brenda, Keith y George, cuando Rico, por ejemplo, adquiere una creciente relevancia). Los personajes parecen poco a poco buscar sentido a su vida, y parecen encontrar su lugar a medida que la serie avanza, pero, paradójicamente, parecen también cada vez más cercanos a la autodestrucción.

La muerte de Nate, a falta de 3 capítulos para el final, anticipa claramente el final de la serie. Si la serie comenzaba con la muerte de su padre y su llegada a Los Ángeles para ocupar su lugar, ésta estaba predestinada a morir con su partida. No es casualidad que muera viendo una televisión encendida. En su funeral, las imágenes de David cogiendo la pala para lanzar tierra sobre su cuerpo, recuerda inevitablemente al primer funeral de la serie, el de Nathaniel Padre, cuando es Nate el que coge tierra con sus manos para lanzarlas contra el ataúd de su padre. Pese a ser dueños de una funeraria, parece que sus heridas se curan mejor cuando todo queda en casa.

En la última escena de la quinta temporada se confirma el final que se conoce desde entonces (en caso de que el espectador no supiese ya de la imposible continuación de la serie). En las escaleras del negocio familiar la familia se reune para despedir a la joven Claire, que abandona definitivamente el núcleo familiar. Con lágrimas en los ojos la despedida de Claire con su madre y su único hermano vivo resulta especialmente emotiva ("Sé Feliz", le dice Claire a David, recibiendo como única respuesta "Lo soy"). Nate recuerda a Claire que "no se puede fotografiar lo que ya no existe". La escena que la pequeña observa en el porche es una escena de pasado: le toca, por fin, comenzar su vida. Por primera vez vemos a Claire conduciendo un coche diferente al coche fúnebre pintado verde lima que la caracterizó mientras, aún en la puerta, los supervivientes observan el final. Un magnífico epílogo final (que podeis recordar más arriba) nos muestra el futuro de la familia. Observamos como curiosidad que las muertes de la familia Fisher son probablemente las más "normales" de las mostradas en toda la serie mientras el espectador, con la memoria de los 5 años disfrutados, el lector de DVD quemado y a altas horas de la madrugada (que es el horario al que la serie arrastra, casi irremediablemente), no puede evitar un amago de llanto, del mismo modo que, inconscientemente, levantó su vaso para brindar por Nate en "la última cena". Y se ve los títulos de crédito completos y en silencio, no tanto por interés como por necesidad de guardar el minuto de rigor.
Por que, que nadie lo dude, le echaremos de menos.



[+]
- Las 3 últimas temporadas, sin peros.
[-]
- Que no haya posibilidad de retomarla nunca.

[NOTA]
10

Publicado por fibergran @ 19:18  | Televisi?n
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 03 de mayo de 2012 | 22:28

Ayer acabé la serie y aunque tu post es antiguo supongo que entiendes la necesidad de hablar de este final tan..........no se me atravesó el alma. Estoy recomendándola a todo el mundo porque es algo que todo el mundo debería ver una vez en la Vida. ¿Es posible echar tanto de menos una serie?bffffff y solo llevo 1 día.

Publicado por Invitado
Lunes, 13 de agosto de 2012 | 19:41

Me parece muy bien que hables de la serie, pero tienes que ser tan específico y contar el final...que pasa con aquellas personas que no la han visto??, pues, les arruinas el desenlace.