Martes, 16 de septiembre de 2008
"WALL·E" (EEUU, 2007)         
     
En 1994, Pixar Studios nos sorprendía, de la mano de Disney, con la primera película de animación-3D de la historia, Toy Story. Desde entonces, el género se ha convertido en un clásico del verano y prácticamente todas las grandes productoras tienen sus propios estudios especializados. Pero el crecimiento del cine de animación por ordenador ha ido mucho más allá, desde aquella primera experiencia, del mero aumento en el número de títulos. Tras un comienzo donde su futuro parecía no ser más que la evolución lógica del cine infantil, se ha ido convirtiendo en un género cada vez más respetado, adoptando en su interior una nada desdeñable cantidad de subgéneros, y muchas algunas de las películas que hemos podido ver tienen un mensaje que se aleja de la sencilla moraleja. Incluso los guiños a clásicos o películas de culto que el algunas de ellas se ven se alejan de la comprensión del público infantil para ser comprendidos, principalmente, por quien le acompaña a la sala. Y podemos decir, sin lugar a dudas, que Pixar, 14 años después de "inventar" el género, ha dado un paso al frente en ambos aspectos con WALL·E.
      
Ya desde que el espectador ve, en la (magnífica) primera escena de la cinta, un barrido por una gran ciudad, con sus enormes rascacielos, puede apreciar que le espera una película capaz de rozar la perfección técnica. Segundos más tarde, cuando descubre que la supuesta gran urbe está, en realidad, habitada exclusivamente por un "robot-basurero" (acompañado únicamente por una cucaracha que juega un similar rol al de un animal de compañía), y que los rascacielos que antes vió no son otra cosa que gigantescas pilas de basura acumulada, el espectador se da cuenta, de inmediato, de que en realidad está ante mucho más que eso.
         
Lo que le sigue a esta primera escena, es decir, la película, no defrauda en ningún momento al espectador más exigente. El repaso a la solitaria cotidianidad de WALL·E, acompañado por su cucaracha, residuos varios y una vieja cinta de Hello Dolly! que se esfuerza en imitar, que ocupa los primeros minutos de la cinta, suponen uno de los momentos más desoladores de la historia del cine de animación por ordenador, para dar paso a la llegada de la nave que trae a EVA, creando con su llegada uno de los momentos más desternillantes del film. Así, poco a poco la historia se va desarrollando y sabemos que EVA no es, sino, un robot destinado a buscar algún tipo de vida humana en la tierra para que así los humanos, ahora desterrados a una nave "de vacaciones", puedan volver a casa. Este primer encuentro entre WALL·E y EVA, que completa la primera parte de la película, resulta realmente inconmensurable, sin una sola palabra en 50 minutos, y con una muestra de valentía pocas veces vista en un largometraje de animación. La expresividad de los (tan diferentes) ojos de los dos robots protagonistas, conseguida de un modo realmente espectacular, sustituye a los diálogos de modo preciso.
    
Con la segunda parte WALL·E llega, tras seguir a EVA en la nave de la que proviene, aterriza en la "estación" de vacaciones. Ciertamente, desde este momento la cinta pierde valentía y se muestra más convencional, pero se mantiene como una experiencia realmente disfrutable y de indudable calidad. Las más que evidentes fábulas con mensaje que incluye la película (tanto la ecológica, la más evidente, como la que muestra la alienación de los nuevos humanos a una vida sin complicaciones pero sin emoción alguna, como queda claro cuando, tras un golpe, dos de ellos experimentan por primera vez con emoción la sensación de posar la mano sobre la del compañero, y comienzan a vivir una vida lejos de los automatismos programados, en una historia que no pocas veces recuerda al mismísimo Orwell) se ven empequeñecidas por la propia historia de amor entre WALL·E y EVA y la revolución que el viejo robot basurero consigue comenzar por sí sólo, y de un modo inconsciente e involuntario, y que termina por conquistar el corazón (o lo que en su lugar tuviesen los robots) de la sofisticada EVA.
 
Por el camino, la película (Disney es Disney) nos deja, claro, muchos mensajes claros que ya se nos han dejado otras veces (la necesidad de cuidar el medio, el amor superando barreras de clase, la belleza de lo diferente -en los robots defecuosos que terminarán ayudando a WALL·E y EVA a poner rumbo a casa-, la necesidad de construir entre todos un mundo mejor -en el epílogo-) y otros menos comunes (el conocimiento como medio para evitar ser dominado -en el capitán de la nave-, la reivindicación de la libertad individual), pero la verdadera genialidad de WALL·E es la manera de aunarlos, de contarlos sin que estos se coman la película y la historia principal que nos cuenta. En resumen, WALL·E se sitúa en la cima de las películas de animación de los últimos años y, también, entre lo mejor que ha dado, hasta ahora, la añada de 2008, a la espera de la llegada de las películas de los diferentes festivales que nos espera en los próximos meses.

[+]
- La primera parte de la película, sin un solo diálogo. Valiente y eficaz. Espectacular.
[-]
- Que no se la tomen en serio por ser una cinta de animación.

[NOTA]
9.5



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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 03 de septiembre de 2009 | 5:29
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